lunes, 26 de abril de 2010

El artista chileno que quiere conquistar el mundo





Cristóbal Lehyt llegó a EEUU soñando ser artista. Fue en 1995, cuando tenía 22 años, había cursado sólo tres años en la Facultad de Arte de la Universidad Católica y su escuálida obra no había sido expuesta nunca. Pero tenía decisión. Sin un currículum que lo avalara, tocó la puerta del taller de Alfredo Jaar en Nueva York y le pidió ser su ayudante. Jaar aceptó. Por 10 años, Lehyt se encargó de que, mientras el artista chileno estuviese de viaje, todo anduviera perfecto con sus obras. "Yo era más bien un junior, veía que todo funcionara bien. Igual aprendí mucho de la actitud de Alfredo Jaar. De cómo ser un artista serio, riguroso y que tus obras sean impecables", dice Lehyt.

Mientras asistía a Jaar, terminó sus estudios en Hunter College y su obra llamó la atención de centros como el Museo Withney, el Museo Queens y el Museo del Barrio de Manhattan. En 2005 dio el salto: ganó la beca Guggenheim para producción artística y dejó a Jaar. Hoy, el autor de This is not America destaca la obra de su antiguo ayudante: "Es notable. Maneja conceptos y formas con una libertad vertiginosa. Cristóbal es un artista que corre riesgos y su obra exige al espectador un esfuerzo intelectual que pocas obras demandan hoy", señala Jaar.

Desde la Gran Manzana, su centro de operaciones, Lehyt se alza hoy como uno de los artistas chilenos más promisorios. En los últimos cinco años su trabajo ha circulado por galerías de EEUU, Alemania, China, México y Río de Janeiro. Y los premios continúan: acaba de ganar la Beca AMA, creada por Juan Yarur para apoyar el trabajo de artistas chilenos en el extranjero. Así, participó en el verano en una residencia en Londres y durante marzo y abril expuso, por primera vez, una selección de obras en la galería House of Propellers, de esa misma ciudad. En su obra, Lehyt reflexiona sobre la identidad nacional, reactualizando, a través de la fotografía, el video y el dibujo, el significado de ser chileno en el extranjero. En Londres mostró algunas esculturas, hechas con cordel, cola fría y pasta de muro, que evocan osamentas teñidas de huano y salitre, como las que se ven en el norte del país. "Esta obra ya la mostré en galería Die Ecke y en la Bienal del Mercosur el año pasado. Luego vendrá algo inspirado en mi residencia en Londres. Me demoro en digerir las experiencias, pero son útiles. En las residencias te obligan a pensar de manera distinta, participas en conferencias, debates y conoces a artistas y curadores", cuenta Lehyt.

CHILENO GRINGO

Radicado en Nueva York hace 15 años, Lehyt siente imposible echar raíces en Chile. "Aquí puedo ver el arte que quiero. Sólo en Chelsea, mi barrio, hay 400 galerías, es el centro del mundo. Además existe una competencia que no hay en otro lugar. Yo soy flojo y me sirve estar con gente que te mantiene despierto, que te obliga a hacer las cosas bien. En cambio, en Chile tienes una muestra increíble y no pasa nada. Acá, el esfuerzo vale la pena", dice el artista.

En la exposición de Londres, Lehyt muestra también algunas de sus obras más rigurosas. Se trata de dibujos que realiza en sesiones de ocho horas seguidas "Son raros, hechos en estado de trance. Hice unos en Alemania, dentro de un castillo, fue una experiencia un tanto terrorífica", cuenta.

Sin embargo, su obra más importante hace siempre referencia a Chile, inspirándose en paisajes, costumbres y tradiciones. En 2009, realizó su mayor muestra en el país, en la sala Telefónica, donde montó una gigantesca escultura de 36 metros de largo hecha con cerámicas de greda de Pomaire, destruidas y amontonadas. Y una segunda, de 12 metros, que asemeja un gran container del puerto de Antofagasta. Igualmente conocida es su serie de fotos y pinturas del desierto chileno, del 2003. "Desde Alemania a EEUU, la gente se relaciona de manera afectiva y espiritual con el desierto. Es súper potente, es como el paisaje cero", dice el artista que en noviembre tendrá una muestra con obras inéditas en el Museo de Artes Visuales. "Mi obra responde a querer sacarse de encima el tema de Chile. Me siento chileno, a pesar de ser muy agringado. La vez que peor hablé sobre mi trabajo fue en una conferencia en el Museo de Arte Contemporáneo. Estaba muy nervioso. No importaba lo famoso que fuese en el extranjero, me preocupaba que mi obra gustara aquí, a la tía, a la abuelita".

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